-New York Times – Los homenajes y monumentos improvisados son comunes cuando hay tragedias, pues son una muestra de calidez y humanidad que surgen para contrarrestar la depravación de lo que vivieron los afectados.

El monumento en recuerdo en El Paso empezó a tomar forma apenas horas después de que un atacante comenzó a disparar en una tienda Walmart el sábado 3 de agosto.

Empezó con algunas veladoras y carteles –uno decía “El Paso es familia”– en el estacionamiento detrás de la tienda. Alguien puso una imagen de la Virgen de Guadalupe.

Días después, el monumento ya abarcaba varios metros, estaba repleto de flores –algunas frescas, otras en proceso de marchitarse por estar días bajo el sol– y con quinientas aves de origami. También había más carteles escritos a mano.

“En la oscuridad, prevalecerá la luz”. “Somos El Paso. Es blanco, negro, mexicano, asiático: el color no importa. Somos amor”.

Por aquí y por allá hay cartas dirigidas a las veintidós personas asesinadas, escritas a mano por niños. “Espero que tengas momentos bonitos al estar volando con los ángeles”, decía una.

Hace una semana ese lugar no era mucho más que la intersección de varios estacionamientos, cercana a una parada del autobús y a un Hooters, por donde transitaba la gente. Ahora bien podría ser el sitio que alberga el alma de El Paso.

En la confusión después del atentado, la gente vino a este lugar. Cuando se sintieron sobrecogidos por tantas emociones, lloraron aquí. Y cuando buscaron sentirse en comunidad, fue en este sitio donde se sintieron así.

“El dolor es de todo El Paso”, dijo Myrna Rider, quien se presentó como la esposa de un soldado jubilado.

Ella y Ana Salgado estaban caminando por el monumento, pancartas en mano. “¿Puedo rezar por ti?”, decía el letrero. La gente se acercó a ellas para pedir oraciones que ayudaran a superar la ira que sentía, para que fueran una guía en el duelo. Rider dijo que también rezó por el atacante. “No queremos albergar odio”, dijo. “Queremos perdonar”.

Los monumentos improvisados que se erigen después de una tragedia a veces son silenciosos; sitios contemplativos. Este homenaje, fiel al espíritu de la frontera, en ocasiones ha sido sonoro y vivaz, con música y niños que juegan, además de que se ha vuelto impresionantemente grande.

Los gestos en conmemoración de las personas afectadas ocupan toda la cuadra; de decenas de ramos de flores se ha multiplicado a cientos. Lado a lado hay banderas de Estados Unidos, de Texas y de México.

En una tarde reciente hubo música de mariachi. Llegaron bailarines de los matachines en vestimentas coloridas para la danza ritual. Luego hubo un círculo de oración, cuyos partícipes tenían rosarios en mano para recitar la Coronilla a la Divina Misericordia. (“Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”).

Con la visita de Donald Trump a El Paso el 7 de agosto, en medio del duelo se entrometió la política; algunas personas se reunieron para hablar sobre el presidente y lo que sea que esté pasando en el país que desembocó en que ahora se tuvieran que encontrar ahí en un homenaje a personas asesinadas.

Finalmente, el calor del sol empezó a bajar y, con la luz dorada de fondo, llegaron todavía más personas. Hombro con hombro, los paseños caminaron por entre las flores y velas; una ciudad entera en un abrazo.