Eduardo Borunda

 

 

Hace ya muchos años un libro que salió a la venta bajo el sello Editorial Grijalbo (Rafael Rodríguez Castañeda, ¡Prensa Vendida! Los periodistas y los presidentes: 40 años de relaciones, 1993) reprodujo la frase que permitía hacer un corte de caja a la situación del periodismo nacional. El título, con un objetivo de llamar a las cosas como son, hacía referencia a un sector de la población que se corrompió bajo las influencias del poder político, la polla o el “chayote” en su máxima expresión.

Muchos años después (26 años), con otras palabras, la imprudencia del poder en Palacio Nacional llama de forma genérica a los nuevos periodistas como prensa “fifi” y ahora con un adjetivo calificativo a un sector de este como el “hampa del periodismo”. El objetivo es claro en esta lucha por el poder y en el ejercicio del mismo. Desacreditar el periodismo que no esté de acuerdo con el modo de pensar del presidente de la república. Las relaciones de entre ambas partes están confusas, rotas y en conflicto.

La relación entonces entre el presidente y los periodistas se ha tornado turbia, el ataque a la prensa es en contra de la libertad de expresión, pero también se convierte en un ataque a la democracia mexicana. Al igual que como se describe, hay un intento de represión, de corromper y claro cortejar a quienes se dejen por parte del gobierno y en contraparte hay intentos de chantajear, cortejar y dejarse corromper por algunos sectores del periodismo.

El día 7 de junio se celebrará el día de la libertad de prensa, sin embargo, hay un dato que no cambia en México: cada mes es asesinado un periodista por ejercer su trabajo, cada mes hay un intento por volver a implementar una prensa vendida que oculta, desinforma y rinda pleitesía a la clase gobernante. En México muere un periodista cada mes desde que asumió la presidencia de la república Andrés Manuel López Obrador. Las cosas no han cambiado, pasaba lo mismo con los gobiernos anteriores.

Hoy, quienes hace 50 años gritaban ¡Prensa Vendida! Lo vuelven a hacer. Para escudarse ante una opinión pública más informada, con más medios y canales de comunicación. No hay visos de aceptar la crítica en la nota informativa, la crónica, el artículo de opinión, la fotografía, el reportaje, la columna o la caricatura política: no aceptan entrevistas incómodas.  Desde el poder siguen con las mismas características que Rafael Rodríguez describía en su libro. La revista Proceso (6 de febrero de 1993) reprodujo un  extracto de la obra y que es importante rescatar:

Desde el funcionario de más bajo nivel hasta el Presidente de la República, las instancias gubernamentales han asumido la tarea de cortejar, corromper y aún reprimir en la búsqueda de un prensa sumisa e incondicional. En contraparte, muchos periódicos y periodistas – desde los reporteros de nota roja hasta directores y gerentes – han hecho suyo el hábito de cortejar y dejarse cortejar, adular, corromperse, chantajear, someterse, ponerse al servicio del gobierno en su conjunto del funcionario en lo personal, con las excepciones de quienes están dispuestos a enfrentar los riesgos de romper las reglas del juego”.

El juego del periodista y el funcionario es claro. La pregunta es ¿Quién o quiénes romperán las reglas del juego? De nueva cuenta las palabras correctas son “prensa vendida” para desacreditar a quien se opone al gobierno actual, llamándole “hampa del periodismo” o “prensa fifi”. Las repercusiones son un acoso a la libertad de expresión y la no aceptación a la crítica hacia el poder ejecutivo. En México parece que las cosas no han cambiado. Quienes criticaban a la prensa por no señalar al gobierno sus errores ahora son atacados por señalar las ineptitudes. La libertad de prensa está en riesgo.